La Poesía de Juan Gelman: La Construcción del Imposible Nido por Graciela Perosio




No he tenido la oportunidad de publicar anteriormente este ensayo que escribí en 1990, no obstante es mi intención transcribirlo tal cual, especialmente porque a Gelman, quien tuvo la amabilidad de leerlo en aquella oportunidad de su reciente escritura, le ha gustado mucho. De modo que aquí vamos:

Desde mi primera lectura de Citas y Comentarios (1982) vengo interrogándome por la inmersión de la poesía de Juan Gelman en el discurso erótico y en su variante más intensa, el discurso místico. Y creo poder responderme desde sus propias preguntas por lo imposible: ser donde no se está: "patria de mí/ sin mí/ ¿me sos?/ en vos me acuestan de ternura?"

Sobre la dispersión, anulando distancias, aún desde el vacío, esta poesía se propone construir a pura antítesis, a pura paradoja, con "la palabra que no decís delgada/ como sueño". Se propone construir "su verdad/ su cuenco/ su telita". Surge como trabajo amoroso e imposible "como velita ardiendo en/ lo más violento de los vientos/ cada hora es trabajo de vos/ o me trabajo para hacerte."
    
Surge "el trabajo de no poder más". La creación de "otra región/ tan diferente de esta/ fabricación de vos/ salida sobre/ sí misma/ fuera de sí misma". Elaboración de un discurso totalizante que permita rechazar la realidad, equiparándola al discurso mismo. Son las condiciones necesarias para abrir un nuevo lugar desde la lengua donde las temperaturas estallen en fusión. Y aparezca el más allá de la identidad, la trascendencia del uno y el otro, mundo del "vosmí", juego circular de los pronombres, criterio constructivo central en la mayoría de los poemas de Citas y Comentarios y de Com/posiciones (1983).
     
Pero la realidad está ahí con su verdad de geografía, de fragmentación y derrota. El poeta conoce la amenaza y la interrogación constante marca la fragilidad de lo conseguible a pesar del empeño, siente la pena del enamorado porque la unión es fugaz y alto el costo. Amor abierto a la muerte para vencer los límites de la individualidad, para superar el cerco del tiempo.
    
Afirmo que es el tiempo, junto a la lejanía lo que debe ser anulado. El gran enemigo de esta empresa radica en la linealidad, el curso, la prosa, los ríos que no se juntan en "el solo mar no oscuro". Por eso a cada paso de mi lectura/escritura se me instala el instante redondo del amante desafiando mi camino, atrapándome en el vértigo circular de lo que se quiere nido (nudo, anillo, anular, nulidad de los decretos, de los destierros, las distancias, las derrotas). Lo que se quiere nido, delicado nido perfecto contra toda la intemperie de la Historia.
    
Así voy y vengo sobre lo escrito, ampliando lo que primero esbocé, bailando esta danza de círculos concéntricos que Gelman propone y yo acepto porque me es imposible no duplicar sumjuego. Y retomo la descripción   de su trabajo. Labor de escultor o de albañil, que ayunta palabras "como piedras que/ caen de vos amontonando muros/ estos muros de vos como palabras/ que me piedran","sequedades de arder en la herramienta/ que labra el alma como piedra". Trabajo obsesionado, reiterativo, circular. De vocabulario escogido y escueto. Palabras repetidas como conjuro a la muerte y al olvido. Música de letanía, golpecito constante martillero y murmullo suave "como palique/ bajo la noche dulcísima del sur".

"tu vosear en mí"
     
Este juego circular de los pronombres se modula constantemente en distintas variantes del "vos". El "vos" es el ave del país de la paloma, es claridad, bondad, fueguito, fuerza, consuelo, "hierro que marcás mi corazón como yerra del alma", "agua reunida donde nadie sabe". Ese "vos" que se nombra a veces como el país, así en masculino, en otros poemas aparece aludido por el entrecruzamiento de imágenes, sentimientos, virtudes, fragmentos de un cuerpo: "cierta como tu mano/ puesta sobre mi vida". Pero con el correr de los versos, ese interlocutor se muestra cada vez con mayor nitidez en la figura de una mujer a la que se reverencia: "tu hermosura/ tu apretada bondad/ señora". Se perfila como madre y como patria y cuaja por instantes en el personaje de la amada celeste, el otro de la unión mística.
    
Ese amor que ensayó repetidamente su vuelo de arrabales, finalmente estalla en el centro donde "crece violentamente/ la flor unitiva". Nítida metáfora de la fusión "como calor del corazón/ donde la mundo se amujera". Son "los esposos que no se pueden ya/  apartar/ secreta unión en el centro/ muy interior del alma/ criatura juntadita a mi criatura/ piel en mi piel/ médula que me ardés/ en llama única donde vosmí/ crepitamos al sol de la justicia".

"árbol de fresca luz"

El otro del diálogo poético se nombra también en esta escritura a través del símbolo del árbol. Falo fundacional, árbol de la lengua en cuyas ramas se refugia el nido que abriga los gorrioncitos de la ausencia. El poeta escribe "árbol" o "árboles" descartando toda afirmación sectárea. No hay una única tradición verdadera, no hay una única poética válida sino un bosque. Dentro de éste, él pertenece al "manzano del amor crecido", "árbol regado con la sangre del admirable amor". Símbolo de la tradición judeocristiana que Gelman usa en su variante de árbol de la poesía. Junto a él, el alma "sentada a la sombra de su deseo o vos/ canta bajo del propio manzanar." Fruto palabra, fruto poema que el vos siembra, ardiendo y apagando, mordiendo el deseo y la pena en la voz del poeta: "lucita que no es melancolía/ sino vos/ trabajando por lo interior del alma/ labrandola/ me sacudiéndola/  para que suelte tuyas sus manzanas."
    
Entre el nido y el árbol se dibuja un contraste. Mientras con las palabras "árbol" o "árboles" se nombra una presencia fuerte, es el "vos" de la tradición poética con la  solidez de la herencia de los siglos, el "mí" en cambio, señala la precariedad del nido de cada poeta, la propia incertidumbre acunándose en la recia fronda de la lengua.
    
Claroscuro que abre una puerta de entrada a Com/posiciones, libro polifónico de la poesía exiliar que predica el nidar como amparo, que cree en la paciencia "para que el vuelo sea posible", comprobando "a cada instante su lentitud/ y cómo se desangra y lo que hay que trabajar". Poética del ayuntar pajitas vuelo tras vuelo, superando la desolación del "fondo de la noche donde cada palabra es astro frío", con la confianza en que el tiempo y el dolor harán de cada una "un sol que está por venir".

"como el fénix redoblaré mis días"
       
Este desesperado intento de erigir unlugar desde la lengua que anule la Historia, está condenado ciertamente al fracaso. Gelman lo reconoce en los dos poemas que cierran Com/ posiciones. Son "el fénix" y "cuando". En el primero afirma "confundí tu bondad con candor/ tu candor con desvío del mundo". La realidad no será suprimida por la letra, ni el destino de este poeta es el del pájaro que renace en su nido. Ambos textos afirman la victoria de la muerte frente al intento poético. Sin embargo no acaba allí el diálogo amoroso. Juan Gelman continúan escribiendo y nos regala Anunciaciones (1988) y Carta a mi madre(1989).
    
En la reseña de ambos libros que publicó Diario de Poesía, Daniel Freidemberg habla del vos "esa segunda persona inconfundiblemente gelmaniana" y luego afirma Gelman se caracteriza por el ejercicio de una voz propia. Es interesante acercar ambos vocablos y comprobar que en esta poesía es el vos quien crea la voz.
    
El vos: país, patria, madre, pueblo, ¡amada, lengua, también es el deseo mismo de la obra. Esa madre y esa patria expulsan al hijo poeta, lo obligan a ser el otro, para que en su destierro busque el cordón que lo reúna por la saliva al origen. Lo obligan a enhebrar el hilo del poema. Ese vos elige a ese Juan lejano para que emita una voz raigalmente argentina. Justamente el "vos" que, por otra parte, es la peculiaridad más notoria de nuestra habla. Esta contradicción entre una biografía inasible, de refugio incierto, con una poesía poderosamente arraigada es lo que mi lectura dibuja.
    
El vos con su deseogenera esta voz, define esta poética. Gelman se pregunta en Carta a mi madre: "¿por qué escribo versos?/ ¿para volver al vientre donde toda palabra va a nacert?/ ¿por hilo ténue?/ ¿la poesía es simulacro de vos?". Y más adelante: "siempre conmigo fuitre doble/  te hacía falta y me echaste de vos/¿para aprender a sernos otros?"
   
Así como Gelman repiensa su exilio y se interroga si la salida del refugio materno fue su verdadero adiós a la patria, y con esto no niega otras verdades que conocemos todos, también quiero repensar esta poética desde la dialéctica de la lectura/escritura. Y me pregunto si nosotros, con nuestra necesidad de leernos, no lo habremos también echado fatalmente. ¿No habrá sido nuestro deseo una sentencia de separación para que él buscara remontarnos?¿Acaso no habremos concebido entre todos esta intensa otredad que se volviera poema para decirnos?¿esta obra que nos ansiara identidad desde un destierro paradójicamente necesario? ¿Quién puede asegurarlo?
     
Pero lo seguro de este cuento que imagino,  es que la muerte no venció, ni venció el olvido. El puente de la escritura entre el anhelo de un pueblo y su poeta sigue intacto. Y si alguien duda, Gelman lo obliga, como Cristo a Tomás, a meter el dedo en la llaga. Contesta con sus siguientes libros, mostrando el costado abierto, esas costras de sangre que no cesan. Aquí están, pueden tocarlas. Su verso es un dolor sin nido, un dolor a la intemperie.





Buenos Aires, mayo de 1990





Los datos biobibliográficos de la autora puede el lector interesado consultarlos en nuestro posteo del 30 de marzo de 2010.