Poemas 2013-2015





ÉL

Hay un pez en su lengua nadando profundo hacia afuera.
Hay un pájaro volando hacia donde la luz insiste, adentro.
Nunca ha actuado en perjuicio ajeno; aprendió a ver,
a decir o callar, según fuera el momento.
Un afable río su rostro. Una hendidura su ceño.
En el aire que escurre su camisa
escuchas el organillo dócil de su alma escribiendo esto.

*

Prefiere apartarlos, prefiere no causarles eso
de tener ahí al lado lo que sacude el suelo;
envuelto en sábanas pulcras como quiso su madre
antes que bajara de no sé donde la bestia y le asestara
el hacha en el medio y un sol otro lo llevara oscuro lejos
y fuera el niño que despierta en otra parte del sueño,
desnudo.

*

Busca que sus pies no estén uno sin el otro.
Lo desvela la canción muda de los astros.
La vida lo hiere y lo compensa de esta manera.
Prefiere que nada interfiera entre Dios y él.
Aprendió a callar, aprendió a oír a las piedras.




Por más que en la noche la luna*




QUIZÁS PENSABA


…el soliloquio obsesivo, el aforismo.
En otro plano, la avanzada del agua:
contra el azul del cielo, la leve
nube gris que asoma en el cuadro y pasa.
Los ojos que la miran habrán también envejecido
como los de todas las chicas de la isla,
más tenues que el aroma del aire,
figura y móvil luz en el dialecto
que nos resulta extraño pero dice:

para mí el soplo del Céfiro, todavía


El mar que en mí resuena
(Selección)
   



II


Ardo despacio y puedo
contemplar mi llama.
Mis manos de rara estirpe que entrelazan las flores
y dibujan las cifras.
Mi exacta piel, mis ojos
que recogen la luz para inventar las formas.
Ardo despacio
lumbre de amor de sangre de misterio.
Éste es mi valle nocturno.
La jaula de hechizos desde donde creo
que alguien sueña por mí.


     
     
IV


Los signos me acompañan
mis extraños amigos
fieles a una desconocida arquitectura
a la que estoy uncida desde el hueso.
Me miran rostros, pájaros, ramajes,
altas constelaciones.
Una piedra sellada por la música
es un signo de amor indescifrable.
Siento el pavor de un reino que no me pertenece
pero busco sus huellas.
Señales, talismanes,
estamos anudados por un pacto secreto.
     
     


Poesía 1973-2013
Textos seleccionados y organizados por César Cantoni





De: Lo abstracto y lo concreto (1973)


SÍMBOLOS

Un extranjero recorre las calles
de una ciudad desconocida.
El misterio se encierra
en los extraños laberintos.
Los hombres pasan unos junto a otros,
sólo los viejos conocidos se saludan
con las ceremonias de costumbre.
Nos entendemos pobremente,
apenas delineamos los contornos del gesto
articulando símbolos heroicos
para superar el desamparo.


MEDIOCRIDAD

La natural mediocridad a todos nos concierne,
nos acompaña en las extrañas actitudes
con que desarrollamos una idea.
Es el atuendo insospechado del concepto,
la libertad del incipiente ser
que elude su propio fundamento.
Es más aún,
la posibilidad de morir sin estridencias. 

Marcelo Caruso frente a la monumental escultura «Brüll», de Fernando García Curten. © 2016 Foto: Marcelo Pedroza

Un pez en la inmensa noche 
y otros cuentos




LETINO


Desde la ventana, Campaci sólo pudo distinguir el cuerpo delgado de un muchacho, como de veinte años o menos, que vagaba por la calle siguiendo el dibujo de las piedras. No era curioso que lo mirara en ese momento (Nora acababa de decir que el depósito del baño perdía agua, y él se había asomado a la ventana, tratando de no oírla), lo verdaderamente curioso era el uniforme; algo que, después de un minuto, hacía aparecer la imagen del muchacho como interpolada entre los edificios, como si hubiera sido el fruto de un equívoco. Tal vez la inclinación de la luz, el sol quebrado por el monte o la mole pedregosa del palazzo Porti, a sus espaldas. Campaci no supo, pero había algo vagamente confuso en la imagen, como si al verla no se comprendiera del todo la realidad.

No obstante, mientras Nora acomodaba el equipaje dando vueltas por la habitación, pensó que era gratuito otorgar sentido a imágenes tan fugaces, tan alejadas de él, y que por fin, después de casi un mes  de  haberse  abarrotado  de  ciudades  europeas,  ruinas  y  madonas  renacentistas,  tenía  su habitación en el Hotel Sannita y podía mirar hacia afuera, hacia los grandes bancos y columnas de la plaza, como alguna vez, en la infancia, habría hecho su propio padre.

Entonces ya no importaba el recuento de dólares, liras, ni la alarmante anemia de la tarjeta de crédito. Tampoco importaba Nora, que toda la semana (Campaci lo supo por sus ojos, porque al mencionar el viaje se le agrandaban los enormes ojos grises) había soportado la idea convencida de que era ridículo desperdiciar los únicos días libres del tour en un pueblito de montaña.

En la madrugada de ese día, después de recorrer cientos de kilómetros de montes, bosques, rebaños de ovejas y pastores, habían cruzado el viejo puente de madera sobre el río Lete. Cuando subían por la primera calle, lo había sorprendido la manera violenta, desnuda, en que resumía la vida de su padre: una valija colorada, en una dársena del puerto de Buenos Aires, veintiocho años y tres heridas de guerra confundiéndose con la multitud.

Después tuvo la inexplicable sensación de que hasta en el aire del pueblo perseveraba una especie de acto de reverencia, de lealtad, como si cada piedra hubiera continuado el viejísimo rito de vasallaje con el castillo ruinoso de la cumbre. Y en vez de sentir que visitaba, sintió que estaba de regreso.  En  el  atropellamiento  de  imágenes  que provocaba  el  micro,  confundiendo  tiempos  y espacios, había vuelto a las mañanas de escarcha en Villa crespo; a los Particulares 30 que siempre iba a comprarle, previo ensayo de vueltos en el patio, al kiosco de la calle Lavalleja; o al borde de una pileta de loza, donde tantas veces lo había mirado en pijama, con una navaja en la mano y la cra de jabón, para preguntarle si él también, de grande, iba a afeitarse.

Poemas Éditos e Inéditos
2011-2016



De: La voz mirada (2011)



EL RELOJ

El reloj 
se me olvida con frecuencia, 
pero tú 
en un gesto de amor me lo recuerdas: 
El tiempo, 
se te va el tiempo. 



EN UNA BAHÍA PERDIDA


         En una bahía perdida
existe una encantada ciudad abstracta 
        de violáceo pavimento, 
          difuminado lugar,
             volátil sueño,
al que puedes entrar cuando quieras,
           no tiene puertas
           y está en el cielo.
    Allí vivo, en un dorado palacio
        mas frágil que la caña,
donde se alzan las voluptuosas olas
y descienden retorcidas columnas, 
          primero poeta
   poniendo medida a la rosa,
    luego jinete en el rocío,
            después
     Zarcillos cruzando la calle Noche.
Al cabo, estupefacto de consumir Universo. 
                Y ahora,
     postrado en el lecho de Nada,
        atado de manos y pies
       por miserables cuerdas, 
        reposando sobre mí
        el peso de La Loza. 
Foto: Lissette Monterrosa

Masatsihua
Antología 1984-2013




LUZBÉLLICA [1984-1991]



GUERRA

Te he escrito un poema de desvelos

El pobre aguanta frío
porque duerme desnudo
en la recámara de mi fusil

Cerca de Ayagualo, diciembre de 1988


Fotografía: Daniel Mordzinski



Poemas éditos e inéditos
Seleccionados y organizados por Luis Alberto Vittor y revisados por Jonio González



De: El oro de la república (1982)


NACHT UND NEBEL

I

pura bestia
se desangra
a fuerza de golpes
que le han dado
duros palos
cierta noche
por ayeres
pregunta no obstante
se responde
difícil lugar para vivir
y sin embargo


II

la araña recuerda
lo que en distracción
perdió de vista
calcula el lugar
en que destellará
su tela
no abre las manos
no reposa
recorre el árbol
de rama a rama
atravesando el aire
conoce el rostro
del que se echa a morir
entre sus hilos


ERDOSAIN

hiere a dios
con el filo
de su propia
moneda



EPIGRAMAS

I

de tus palabras no nació la libertad
amor mío
de la contemplación de tu cuerpo
no extraje pepitas de oro
ni violencia de perros que se muerden
a la sombra de los ministerios
me obligaron a amarte
a la luz de las conspiraciones
y de los decretos


II

me animaría a mirar tus ojos
de aquí hasta roma
a aprenderme de memoria tus cartas
y la música de tu silencio
me animaría a pecar por vos
y cargar bolsas de sal
hasta lo alto de los barcos
como mi padre al finalizar la guerra
puerto de barcelona
año mil novecientos treinta y nueve



Tres Poemas




Una mujer me tiene maniatada
mientras otra salpica su sangre en mis vasijas.
La una es una perra de hortelano,
la otra una puta de juzgados.

A ninguna la conozco frente a frente
pero han sabido exasperar a los demonios
que pululan en las sombras de la mente.

Las dos
amasijo de execrables decisiones,
estampida de satanes,
pariendo un hijo bastardo cada día.

Ambas
dos piedras en el monte oscuro,
dos flechas incrustadas en la carne,
dos brujas con grilletes
bailando en aquelarre.




La zarpa habilidosa del destino 
Me llevó a un lugar extraviado en el olvido.
                             Jamás imaginé que esto pasara,
                                                           mas pasó,
                                                               y sé,
                                                       no hay vueltas,
                                         mucho menos retornos prometidos.
Estuve en medio de lo que otra hora fue vorágine,
                                       sombras, dolor y mortecino miedo,
                                      evocación de recuerdos, y las voces
                                      saliendo de  rendijas y oquedades.
                                        Miedo atroz y rayo estremecido.
Más todo pasa,
como pasan las corrientes
                          de ríos y de mares,
   como siguen los años y los siglos.
Todo pasa…,
               pero queda el alarido
oculto entre los pliegues de la falda
o rozando el cabello cualquier tarde.
Queda ahí
Cual monstruo que acecha entre las sombras,
cual sombra que acecha entre los monstruos.




Doce niñas jugaban a la ronda,
el sol de aquel verano
resplandecía caluroso entre la fronda.
Unas cuantas eran primas,
                            hermanas varias de ellas,
                            las demás amigas.
Unas eran morenas, rubias, pelirrojas,
delgadas, gordezuelas,
de rizado pelo
                   o lacia cabellera.
Todas reían y cantaban una estrofa
(con manos enlazadas
(serpenteando en vueltas)

En su canto todas eran
mariposas,
                ninfas,
                          reinas.
Hadas,
          princesas
                       y deidades.

Felices, daban vueltas en la ronda
sin saber que el futuro
-como en suerte de ruleta-
cambiaría advenedizo.
 
 Para esas pequeñas
el destino les tenía deparado
                                        sombra y tristeza,
                                 amargo trago de desdicha,
                              insomnes tinieblas de tragedia.

                           Y el monstruo perpetuo
                                   que es el tiempo
                en voraz remolino y en furioso viento
                              se tragó sus historias
                                  y sus sueños.

Ninguna de ellas jamás recordó ese canto,
                                                ese día,
                                    mucho menos esa hora.

                 Y aquella ronda
–como las simples cosas de la vida-
         fue olvidada para siempre.





ELSY  SANTILLAN  FLOR, poeta, narradora , dramaturga y abogada nacida en Quito, Ecuador, en 1957.  Es Doctora en Jurisprudencia y Abogado de los Tribunales del Ecuador. Ha escrito obras en narrativa, poesía, narrativa infantil y teatro. En 2014 fue invitada al XXVII Encuentro Iberoamericano de Poesía en Salamanca, España y en ese marco se presentó también en:   Aula Magna de la Universidad de Salamanca, Palacio De los Serrano, en Ávila y Casa de América en Madrid, con recitales poéticos. Ha sido incluida en diversas antologías del país y extranjeras de cuento y poesía. Traducida parcialmente al Húngaro, Francés y Yugoslavo.


OBRA PUBLICADA

Narrativa 

- De mariposas, espejos y sueños  Cuentos.  
- De espantos y minucias.  Cuentos.  
- Furtivas vibraciones olvidadas.  Cuentos.  
- Gotas de cera en la ceniza.  Cuentos.  
- Los miedos Juntos.   Cuentos.
- Las ficciones de la soledad, Cuentos, 
- Algaradas.  Cuentos

Narrativa Infantil
- Las doce habitaciones de la magia.  Narrativa infantil
- Maravilloso Agustín.  Narrativa infantil.
- Tiniebla 13 Cuentos fantásticos.

Teatro

- Danza imperfecta
- Cena para estúpidos

Poesía

- En las cuevas ajenas de la noche 
- Aristas en el tiempo nuevo
- Proscritas Nimiedades

En colectivo es coautora de los libros:

- Deseabuios 1.  Quito, Ecuador
- Desabuios  2.   Ibiza, España, 
- La certeza de los presagios.  Cinco narradoras  ecuatorianas.


Premios

-Premio Nacional “Jorge Luis Borges”.  1995
-Premio Nacional “Pablo Palacio”.  1998
-Mención de Honor del Premio “Joaquín Gallegos Lara” a la mejor obra publicada en Teatro. Consejo Metropolitano de Quito, 2011
-Premio en colectivo de La Casa Internacional de Escritores y poetas de Bretaña, París, 2012 - 2013






Poemas Escogidos
1975-1999



ESTE AMOR, EL OTRO (1975)

Cuando tú me tocas, por ejemplo
no veo constelaciones,
y en mis sueños, cuando tus manos
buscan mi espalda y mis cabellos,
es imposible saber si sueñas con un ratón
o con Alicia en el país de las maravillas.
Tú me repites frases que me abochornarían
a luz del día, nunca me has escrito
cartas a las cuatro de la madrugada
desde aeropuertos extraños
o la plataforma de un tranvía.
Cuando hacemos el amor, fingimos
que la emoción es justa.
Hoy he estado regando tus plantas
mientras estás en la playa.
Utilizo el líquido para las cucarachas,
abro las ventanas y no se me ocurre
mirar tu correspondencia o leer
tus nuevos poemas.

Mientras sigo las instrucciones:
"Los geranios y begonias deben ser
regados dos veces por semana",
peso mis dos amores en la balanza.
Sé que riego las plantas porque
me gusta ver correr el agua entre mis dedos
y porque no quiero ver morir las flores
en esta estancia; también porque me he sentido
sentimental, tarareando un aria familiar
toda esta mañana.

Alma que has de vivir*





TRAJEADOS, LOS AMIGOS 


Anoche visité amigos muertos:
descansan (quién diría)
todo su no-tiempo
en jardines cuyos ramos cobijan poemas y
citrus de ignota acidez.

Estaban trajeados y alegres, tanto que me hallé
confesando: —No hubiera jamás creído
Edgar, Francisco, Antonio,
jamás pensé
Gianni, Joaquín, Enrique, Alberto,
Horacio, Celia,
hallarlos tan contentos
como si fuese un suspirito vuestro
transcurrir.

Conversamos sobre bares y dragones, y
amores frutecidos en remotos hoteles y
parques con nudillos de niebla. Mateando,
sonreídos, me despidieron con un fulgor
que no olvidaré.

Se escondía en sus miradas el color de una
verdad. Y había en sus labios
una revelación.


(A Edgar Bayley, Francisco Madariaga, Antonio Aliberti, Gianni Siccardi, Joaquín Giannuzzi, Enrique Puccia, Enrique Molina, Alberto Vanasco, Horacio Castillo, Celia Gourinski)






ESPÍA DE SÍ


Aquella lumbre por lienzos opacada,
de un evanescente resplandor rubí
—por favor, compréndanlo, les hablo
no de alegre ventana, y sí de otra
enfrentada a mi espionaje vergonzante,
donde ya mismo tal vez algún enfermo
sin un átomo de fuerzas, ejecute
la agonía que ni alcanzó a ensayar—

en esa roja luminaria o dormitorio
tan irreal como el apenumbrado
declinar de alguna turbia frente

¿no seré yo acaso el desolado huésped
que allí muere y la agüita se escapa de sus
ojos en tanto aquí, no lejos, con lógico estupor,
desde mi balcón yo lo espío y me espío
y me aferro a mi silla con pálidos nudillos
y me siento tan sano en esta blanca noche?






CÓMO HAVELOCK ELLIS CONOCIÓ EL AMOR

(Al gran sexólogo que, según propia confesión, aprendió a amar en su alta edad).


Sólo un niño de Surrey, acunado en el oscuro pánico
de la reina Victoria, robando huracanes
en la proa del velero Empress.
Ése era el Havelock de celestes lagunas,
es decir: ojos iguanas que alumbraban sus
bífidas lenguas, sus ominosas
poluciones nocturnas,
tan nocturnas como el sol del puerto
delirado por el velero de su padre y por
raros fantasmas
sudamericanos.

Pero cuando Havelock adolesció y se adultó
sin jamás jamás
adulterar la lluvia de sus ojos,
danzó platónicos amoríos llamados
agnes
olive
may
Mirábanse bellos y desnudos, como aves
incapaces de volar.

Y así Havelock se casó sin casi saber del sexo
más que el niñito del velero Empress
y conoció a Hilda Doolittle quien era
un gran pájaro blanco al borde
de un acantilado.

Y cuando Havelock fue ya un viejo y
lo amaban todas las mujeres del mundo
Françoise Delisle le reveló un mundo jadeante
entre sus piernas.
Y Havelock Ellis escribió los más bellos tratados sobre el amor
con el estremecido júbilo sombrío del
hombre que, a punto de morir,
desde su ventana descubre, llorando,
la última estrella del universo.






L’AUTRE

Quien lo observara galantear, y quien
el merengue danzar (bien recto el torso,
a su fémina ornando dulce alcurnia),
quien por forniques lo juzgara un sátiro
—algo venido a menos, reconócelo—
o lo acompañe en tragos verdiazules
donde amistad escarcha sus blasones
no diría —ese quien— que él está pronto
a declararse sátiro en derrota,
mal abrigado en fingidor pellejo,

deshaciéndose en gajos a ojos vista
alistado a morir por vez primera.






ASÍ TU PERRO CORAZÓN


Igual que trote sin
potro, que huerto sin tierra, así tu
perro corazón desbocado acorazona
su endemientras (palabra ésta
brava,
palabra gaucha, lenta)

así tu alma nunca al
servicio de causa propia, siempre
causa ajena, así tu ser
anhelando ser

y nadiecito, ¿ves?
se dará cuenta.






LO INVISIBLE


El espacio entre vos y
yo está
preñado de diminutos
seres bulliciosos
parecidos al aire o a algo
que quizás
quiera
existir

seres que
intentan desunirme
de vos
y
se burlan y
seguirán burlándose
nos hacen cuernitos

en vano pretenden
calumniarte detallarme
crímenes seriales
triángulos varios y
otras minucias
perpetradas

(mi inexistente y única
mi amorada sin mácula)

por vos.





AMORES


Como de acero o turbadora seda
o imaginario jardín oriental,
así es nuestro amor. Son testigos
el Sur, la noche cóncava, aquel bar
de vino y de miradas que desvisten,
tu alma abierta a la interrogación.
¿Qué hizo posible, inquieres, este amor
al que Tiempo no mella? Te respondo:
vos y yo amamos, en ambos, además,
a los diversos que abrazan nuestro abrazo.
Ellas y ellos, los amados muy antes,
son los garantes de esta caricia eterna,

de este amor que créase a sí mismo,
nutrido, noche a noche, de sus varios.





* Los poemas publicados fueron seleccionados por el propio autor para acompañar la entrevista que en diciembre de 2015 le realizara el poeta Rolando Revagliatti para Palabra Viva, la sección de entrevistas de Analecta Literaria que puede leerse AQUÍ


Veinticinco poemas de una vida
(2008-2016)




De: Poemas de Esquina Paradise (2008)


1

Bofetada de luciérnaga para la sed del trino
ciñe tus pasos árbol sin lechuza
piedra Prometeo en los ramales
de tu sombra
donde gorrión profundo pisa laberintos.

Un naufragio quijote en el gozne
te ofreciera Ulises
un naufragio sin nave si bien
timbre del crepúsculo

clava pájaro inverso
a un mismo entrepatio de la noche.


2


Delfín alargándose 
en el cielo del muro
lleva Knosos pintado en la mente
del otro que interpreta
la danza

       el mismo 
que olvida los palacios sin ventanas
al sauce de la esquina Paradise

Allí 
donde la luna encuentra
breve latido de pincel
naufragando en la orilla.


3

Las palabras no vuelven al poema,
el poema regresa a ser incendio.
Y una sed que me inunda tenuemente
como lluvia verbal que ha de partir
lleva sombra de nube en los zapatos
de la aurora fugaz que sueña ríos.

Las palabras respiran mis pulmones
y dan aire al no-ser que me suplanta.
Extranjero del gesto de mi boca,
me descubro en el gesto del lenguaje
y me extraña sentirme cual gorrión
en la jaula atrapado por el canto.

Mas no-ser es el árbol que yo ansío.
Ser la ausencia ilumina el pensamiento:
respirar en el aire de las cosas
es ser yo con la forma y las raíces
de ese árbol sagaz que es horizonte,
de ese árbol mental que me descubre.

Las palabras que engañan al poema,
como al ojo el final del laberinto,
son palabras que llueven de la asfixia
y que apagan la llama que transforma
la mirada en un acto de la mente,
la mirada en el canto que me habita.